Una de las muchas opciones de practicar turismo responsable: Turismo solidario

Publicado: 07/07/2011 en Documentos, Noticias
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Lo que nos tiene que quedar claro es que los campos de solidaridad no son unas vacaciones. Para eso está el turismo responsable, definido como “turismo que se sustenta sobre unos criterios cuyo objetivo final es el desarrollo socioeconómico de la sociedad; turismo no masificado, sin impacto medioambiental en la zona que se visita” y que nace como alternativa al turismo convencional que puede causar un impacto socioeconómico, ambiental y cultural negativo en la sociedad receptora.

Una opción de practicar turismo responsable, es el turismo solidario, sobre el que versa el excelente artículo publicado en el Diario de Navarra, “Sin hamaca ni sombrilla”, artículo realizado por María Martín, Secretaria de la Coordinadora de ONGD de Navarra.

La solidaridad no es sólo una cantidad de dinero que das para solucionar necesidades a miles de kilómetros de aquí. Claro que el dinero ayuda, pero no nos engañemos, no va a ser el encargado de solucionar la brecha que nos separa de millones de hombres y mujeres que viven en otros lugares.

Hace poco leí una definición nicaragüense de la palabra solidaridad, que creo explica muy bien las razones por las que algunas personas nos embarcarnos en esto de los campos de solidaridad: “La solidaridad es la ternura entre los pueblos”, decía. Y me encantó. Porque, hablemos claro, no vamos a salvar el mundo en un mes de vacaciones y la vida de las personas a las que visitemos no va a ser considerablemente mejor después de nuestra estancia allí. Ese mes será una ocasión para vivir, entender y compartir las necesidades e inquietudes que afrontan día a día esos hombres y mujeres del Sur. Esta experiencia hace que nuestra solidaridad y la suya crezcan, y se conviertan en algo más importante y perdurable, algo que ayudará a mejorar nuestro mundo y que nunca podría comprarse con dinero.

Esta elección es una oportunidad para unirse a todas las personas que creen en un mundo diferente. Es el primer paso para sumarse a la lucha por un mundo más solidario. Es conocer de primera mano a las personas que sufren directamente las consecuencias de las injusticias de un sistema económico que fomenta la desigualdad. Es otra forma de plantearte el presente y el futuro.

Para darte cuenta de esto sólo tienes que hablar con personas que eligieron esta forma de solidaridad: puede que antes de irse te dijeran que iban a ayudar, pero a su vuelta te dirán que no, que realmente han ido a conocer, a aprender, a compartir… En realidad las motivaciones pueden ser diversas, incluso altruistas y egoístas al mismo tiempo, entremezcladas, son difíciles de distinguir y casi siempre conviven unas muy cercas de las otras.

Lo que nos tiene que quedar claro es que los campos de solidaridad no son unas vacaciones. Para eso está el turismo responsable, definido como “turismo que se sustenta sobre unos criterios cuyo objetivo final es el desarrollo socioeconómico de la sociedad; turismo no masificado, sin impacto medioambiental en la zona que se visita” y que nace como alternativa al turismo convencional que puede causar un impacto socioeconómico, ambiental y cultural negativo en la sociedad receptora. Y lo vamos a dejar aquí porque el tema daría para otro artículo entero.

Como ya hemos dicho, tampoco vamos a un campo de solidaridad a ayudar, sino a compartir con personas de otro lugar, y sobre todo, a aprender con ellas. Un viaje así hace que las personas tomemos conciencia de otras realidades, que seamos más activas, críticas y reflexivas, tanto allá como aquí. Para eso están los campos de solidaridad. Para que nos empapen y veamos la necesidad de reclamar modelos más justos y respetuosos con la identidad y los derechos de los pueblos del Sur.

De hecho, esos viajes no terminan cuando deshacemos la maleta, todo lo contrario: las experiencias vividas y la relación que hemos disfrutado con esos hombres y mujeres nos aportan una nueva forma de ver el mundo. Nos hacen cambiar y cimentar nuestro compromiso, para atrevernos a trabajar, una vez de vuelta al Norte, por un mundo diferente en el que, por encima de todo, estén las personas.

Te invito a que un año, da igual cuál, sea con 20, 30 ó 50 años, te plantees este modelo de solidaridad, porque no se trata sólo de la experiencia de un mes, sino de la actitud y la mirada que adquieres, la que debe permanecer en tu día a día. Y eso sí que cambia las cosas. Porque lo más importante de un campo de solidaridad es el día después.

Somos muchas personas en el planeta creyendo que otro mundo es posible. Conocernos nos hace sentirnos acompañadas ante las injusticias y fuertes para poder cambiarlas. Y ese calor compartido no hay hamaca ni sombrilla que pueda sofocarlo.

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